Guénon en el corazón (3) Adenda – Federico González

(Escritos de Guénon donde se destaca la diferencia entre el Ser y el No-Ser)
Se incluyen las notas a pie de página que les corresponden

– “Agregaremos aún una observación cuya importancia es capital: no sólo no puede estar limitada la metafísica por la consideración de una dualidad cualquiera de aspectos complementarios del Ser, ya se trate de aspectos muy especiales como el espíritu y la materia, o por el contrario de aspectos tan universales como es posible, como los que se pueden designar con los términos de ‘esencia’ y de ‘substancia’, sino que tampoco podría estar limitada por la concepción del ser puro en toda su universalidad, porque no debe estarlo por nada absolutamente. La metafísica no puede definirse como ‘conocimiento del ser’ de una manera exclusiva, como lo hizo Aristóteles: ésta es propiamente la ontología, que sin duda es incumbencia de la metafísica, pero que no por esto constituye toda la metafísica; y en esto consiste que lo que hubo de metafísica en Occidente haya quedado siempre insuficiente e incompleto, lo mismo que bajo otro concepto que indicaremos más adelante. El ser no es verdaderamente el más universal de todos los principios, lo que sería necesario para que la metafísica se redujese a la ontología, y esto porque, aun siendo la más primordial de todas las determinaciones posibles, ya es sin embargo una determinación, y toda determinación es una limitación, en la cual no se podría detener el punto de vista metafísico. Un principio es evidentemente tanto menos universal cuanto es más determinado, y por esto más relativo; podemos decir que, de una manera en cierto modo matemática, un ‘más’ determinativo equivale a un ‘menos’ metafísico. Esta indeterminación absoluta de los principios más universales, por lo tanto de los que deben ser considerados antes que todos los otros, es causa de grandes dificultades, no en la concepción, salvo quizá para los que no están acostumbrados a ellos, sino al menos en la exposición de las doctrinas metafísicas, y obliga a menudo a servirse de expresiones que en su forma exterior son puramente negativas. Así, por ejemplo, la idea del Infinito, que es en realidad la más positiva de todas, puesto que el Infinito no puede ser más que el todo absoluto, aquello que, no estando limitado por nada, no deja nada fuera de sí, esta idea, decimos, no puede expresarse más que por un término de forma negativa, porque, en el lenguaje, toda afirmación directa es por fuerza la afirmación de alguna cosa, es decir una afirmación particular y determinada; pero la negación de una determinación o de una limitación es propiamente la negación de una negación, por lo mismo una afirmación real, de manera que la negación de toda determinación equivale en el fondo a la afirmación absoluta y total. Lo que decimos para la idea del Infinito podría aplicarse igualmente a muchas otras nociones metafísicas extraordinariamente importantes, pero basta este ejemplo para lo que nos proponemos hacer comprender aquí; y por lo demás nunca hay que perder de vista que la metafísica pura es, en sí, absolutamente independiente de todas las terminologías más o menos imperfectas con que tratamos de revestirla para que sea más accesible a nuestra comprensión.” (Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes, 1ª parte, cap. VIII: “Pensamiento metafísico y pensamiento filosófico”, final).– “Otra observación es aún necesaria, en relación con el empleo que hacemos de la propia palabra “ser”, que, en todo rigor, ya no puede aplicarse en su sentido propio cuando se trata de ciertos estados de no manifestación de los que tendremos que hablar, y que están más allá del grado del Ser puro.” (Los Estados múltiples del Ser, Prefacio).– “Recordaremos a este respecto, que el hecho de detenerse en el Ser y no considerar nada más allá de él, como si fuera de alguna manera el Principio supremo, el más universal de todos, es uno de los rasgos característicos de ciertas concepciones occidentales de la antigüedad y de la Edad Media, que, aun conteniendo indiscutiblemente una parte de metafísica que ya no se encuentra en las concepciones modernas, siguen siendo ampliamente incompletas bajo ese aspecto, y también porque se presentan como teorías establecidas de por sí, y no con vistas a una realización efectiva correspondiente.” (Ibid., Prefacio).– “Es preciso entender bien, ya desde ahora, que el Ser no contiene toda la Posibilidad, y que, en consecuencia, de ninguna manera se lo puede identificar con el Infinito; por eso decimos que el punto de vista en el cual nos situamos aquí es mucho más universal que aquél en el que no habremos de considerar más que el Ser; …” (Ibid., cap. I: “El Infinito y la Posibilidad”, final).

– “Si se preguntara sin embargo por qué no toda posibilidad debe manifestarse, es decir por qué hay a la vez posibilidades de manifestación y posibilidades de no manifestación, bastaría con responder que el dominio de la manifestación, limitado por ser un conjunto de mundos o de estados condicionados (por otra parte en multitud indefinida), no podría agotar la Posibilidad universal en su totalidad; pues deja fuera de sí todo lo incondicionado, es decir precisamente todo lo que, metafísicamente, es lo más importante. (Ibid., cap. II: “Posibles y composibles”).

– “Podemos expresar también las cosas de esta manera: la Posibilidad universal contiene necesariamente la totalidad de las posibilidades, y se puede decir que el Ser y el No-Ser son sus dos aspectos: el Ser, en tanto que ella manifiesta las posibilidades (o más exactamente algunas de entre ellas); el No-Ser, en tanto que no las manifiesta. El Ser contiene pues todo lo manifestado; el No-Ser contiene todo lo no manifestado, incluido el propio Ser; pero la Posibilidad universal comprende a la vez el Ser y el No-Ser. ” (Ibid., cap. III: “El Ser y el No-Ser”).

– “En las páginas precedentes hemos señalado la diferencia entre las posibilidades de manifestación y las posibilidades de no-manifestación, estando unas y otras igualmente comprendidas, y con el mismo rango, en la Posibilidad total. Esta distinción se nos impone antes que cualquier otra de carácter más particular como pueda ser la de los diferentes modos de la manifestación universal, es decir, de los diferentes órdenes de posibilidades que tal manifestación conlleva, repartidos según las condiciones específicas a que están respectivamente sometidos y constituyendo la multitud indefinida de los mundos o grados de la Existencia.

“Bien sentado este punto, si se define el Ser, en el sentido universal, como el principio de la manifestación y considerando al mismo tiempo que comprende el conjunto de todas las posibilidades de manifestación, debemos decir que el Ser no es infinito, puesto que no coincide con la Posibilidad total; efectivamente, el Ser, en tanto que principio de la manifestación, comprende sin duda todas las posibilidades de manifestación, pero solamente en tanto que se manifiestan. Más allá del Ser está, pues, todo lo demás, es decir, todas las posibilidades de no-manifestación con las propias posibilidades de manifestación en tanto en cuanto están en estado no-manifestado; y el propio Ser se encuentra incluido en ellas, pues no pudiendo pertenecer a la manifestación, por ser su principio, es en sí mismo no-manifestado. Para designar lo que así está fuera y más allá del Ser, nos vemos obligados, a falta de otro término mejor, a llamarlo No-Ser; y esta expresión negativa que para nosotros no es en ningún modo sinónima de “nada”, como parece serlo en el lenguaje de algunos filósofos, además de estar directamente inspirada en la terminología de la doctrina metafísica extremo-oriental se encuentra suficientemente justificada por la necesidad de emplear alguna denominación para poder hablar de ello, a lo que añadiremos la observación, ya formulada en las páginas precedentes, de que las ideas más universales, siendo las más indeterminadas, no pueden expresarse, en la medida en que son expresables, más que en términos negativos en su forma, tal como acabamos de ver en lo que concierne al Infinito. Se puede decir también que el No-Ser, en el sentido que acabamos de proponer, es más que el Ser o, si se quiere, superior al Ser, siempre que estas palabras sean entendidas en el sentido de que lo que el No-Ser comprende está más allá de la extensión del Ser y contiene en principio al propio Ser. Ahora bien, desde el momento en que se opone el Ser al No-Ser, o incluso desde el momento en que simplemente se los distingue, ni uno ni otro pueden ser infinitos, puesto que, desde tal punto de vista, se limitan recíprocamente de alguna manera; el Infinito no corresponde más que al conjunto del Ser y el No-Ser, puesto que tal conjunto es idéntico a la Posibilidad universal.” (Ibid., cap. III).

– “En lo que concierne a las relaciones entre el Ser y el No-Ser, es esencial observar que el estado de manifestación es siempre transitorio y condicionado, y que, incluso para las posibilidades que conllevan la manifestación, sólo el estado de no manifestación es absolutamente permanente e incondicionado.”1 (Ibid.).

Nota al pie de esta cita
1 “Debe quedar muy claro que, cuando decimos ‘transitorio’, no estamos considerando exclusivamente, y ni siquiera principalmente, la sucesión temporal, pues ésta no se aplica más que a un modo especial de la manifestación”.
– “En el No-Ser no puede hablarse de una multiplicidad de estados, ya que es esencialmente el dominio de lo indiferenciado e incluso de lo incondicionado: lo incondicionado no puede estar sometido a las determinaciones de lo uno y lo múltiple, y lo indiferenciado no puede existir en modo distintivo.” … “En el No-Ser, no hay multiplicidad, y en todo rigor, no hay tampoco unidad, pues el No-Ser es el Cero metafísico, al que nos vemos obligados a dar un nombre para poder hablar de él, y que es lógicamente anterior a la unidad”. … “En efecto, la unidad primordial no es otra cosa que el Cero afirmado, o, en otros términos, el Ser universal, que es esta unidad, no es sino el No-Ser afirmado, en la medida en que es posible tal afirmación, que ya es una primera determinación, pues ella no es sino la más universal de todas las afirmaciones definidas, luego condicionadas; y esta primera determinación, previa a toda manifestación y a toda particularización (comprendida la polarización en ‘esencia’ y ‘substancia’ que es la primera dualidad y, como tal, el punto de partida de toda multiplicidad), contiene en principio todas las demás determinaciones o afirmaciones distintivas (que corresponden a todas las posibilidades de manifestación), lo que es igual a decir que la unidad, desde el momento en que es afirmada, contiene en principio la multiplicidad, o que ella misma es el principio inmediato de esta multiplicidad1.” (Ibid., cap. V: “Relaciones entre la unidad y la multiplicidad”).
Nota al pie de esta cita
1 “Recordamos una vez más, pues nunca podría insistirse demasiado en ello, que la unidad de la que aquí se trata es la unidad metafísica o ‘trascendental’, que se aplica al Ser universal como un atributo ‘coextensivo’ a él, para emplear el lenguaje de los lógicos (aunque la noción de ‘extensión’ y la de ‘comprehensión’ que es correlativa con ella ya no sean propiamente aplicables más allá de las ‘categorías’ o de los géneros más generales, es decir cuando se pasa de lo general a lo universal)”.
– “Así pues, cuando dijimos que ‘conocer’ y ‘ser’ son las dos caras de una misma realidad, no hay que tomar la palabra ‘ser’ mas que en su sentido analógico y simbólico, pues el conocimiento va más lejos que el Ser” … “Y este es el momento, por otra parte, de precisar un poco el modo en que hay que entender la identidad metafísica de lo posible y lo real: ya que todo posible es realizado por el conocimiento, esa identidad, tomada universalmente, constituye propiamente la verdad en sí, pues puede concebirse precisamente como la perfecta adecuación del conocimiento a la Posibilidad total.”1 (Ibid., cap. XVI: “Conocimiento y consciencia”).
Nota al pie de esta cita
1 “Esta fórmula concuerda con la definición que Santo Tomás de Aquino da de la verdad como adæquatio rei et intellectus; pero es por decirlo así una transposición de ésta, porque hay que tener en cuenta esta diferencia capital: que la doctrina escolástica se limita exclusivamente al Ser, mientras que lo que aquí decimos se aplica igualmente a todo lo que está más allá del Ser.”
– “Ahora bien, en cuanto a la Posibilidad universal considerada más allá del Ser, es decir como el No-Ser, no se puede hablar de unidad, como anteriormente dijimos, pero se puede al menos, empleando siempre la forma negativa, hablar de ‘no dualidad’ (adwaita).” “… es suficiente para pasar del No-Ser al Ser, pasar de la ‘no dualidad’ a la unidad: el Ser es ‘uno’ (siendo el Uno el Cero afirmado) o, más bien, la Unidad metafísica misma, primera afirmación, pero también, por eso mismo, primera determinación.” (Ibid., cap. XVIII: “Noción metafísica de la libertad”).
– “… la libertad absoluta no puede realizarse mas que por la completa universalización: será ‘autodeterminación’ en tanto que coextensiva al Ser, e ‘indeterminación’ más allá del Ser. Mientras que una libertad relativa pertenece a todo ser bajo cualquier condición -sin importar cuál sea esta- la libertad absoluta no puede pertenecer mas que al ser liberado de las condiciones de la existencia manifestada, individual o incluso supraindividual, y convertido en absolutamente ‘uno’, habiendo alcanzado el grado del Ser puro, o ‘sin dualidad’, si su realización sobrepasa al Ser.” (Ibid., cap. XVIII, final).– “Lo que hay que retener, es que términos tales como ‘teología’ y ‘teosofía’, incluso tomados etimológicamente y aparte de toda intervención del punto de vista religioso, no podrían traducirse en sánscrito más que por Îshwara–Vidyâ; por el contrario, lo que traducimos aproximativamente por “Conocimiento Divino”, cuando se trata del Vêdânta, es Brahma-Vidyâ, pues el punto de vista de la metafísica pura implica esencialmente la consideración de Brahma o del Principio Supremo, del que Îshwara o la ‘Personalidad Divina’ no es más que una determinación en tanto que principio de la manifestación universal y en relación con ésta. La consideración de Îshwara ya es pues un punto de vista relativo: es la más elevada de las relatividades, la primera de todas las determinaciones, pero no es menos cierto que es ‘con cualidad’ (saguna), y ‘concebido distintivamente’ (savishêsha), mientras que Brahma es ‘no cualificado’ (nirguna), ‘más allá de toda distinción’ (nirvishêsha), absolutamente incondicionado, y que la manifestación toda entera es rigurosamente nula respecto a Su Infinidad.” (El Hombre y su Devenir según el Vêdânta, cap. I: “Generalidades sobre el Vêdânta”, final).– “Si se diera a esta palabra ‘Dios’ el sentido que luego ha tomado en las lenguas occidentales, el plural sería un sin sentido tanto desde el punto de vista hindú como desde el judeo cristiano y el islámico, pues esta palabra, como lo hemos hecho notar anteriormente, no podría aplicarse entonces mas que a Îshwara exclusivamente, en su indivisible unidad que es la del Ser universal, cualquiera que sea la multiplicidad de aspectos que puedan considerarse secundariamente.” (Ibid., cap. VII: “Buddhi o el intelecto superior”, en nota al pie).– “Es en tanto que nirguna que Brahma es kârana [causa], y en tanto que saguna que es kârya [efecto]; el primero es el ‘Supremo’ o Para-Brahma, y el segundo es el ‘No-Supremo’ o Apara-Brahma (que es Îshwara); pero de ello no resulta que Brahma deje de alguna manera de ser ‘sin dualidad’ (adwaita), pues el ‘No-Supremo’ mismo no es más que ilusorio en tanto que se distingue del ‘Supremo’, como el efecto no es nada que sea verdadera y esencialmente diferente de la causa. Notemos que nunca debe traducirse Para-Brahma y Apara-Brahma por ‘Brahma superior’ y ‘Brahma inferior’, porque estas expresiones suponen una comparación o una correlación que de ninguna manera podría existir.” (Ibid., cap. X: “Unidad e identidad esenciales del ‘Sí’ en todos los estados del ser”, en nota).

– “Brahma es uno (en tanto que Ser) y sin dualidad (en tanto que Principio Supremo)”. (Ibid., cap. X).

– “Para el esoterismo islámico también, la Unidad, considerada en tanto que contiene todos los aspectos de la Divinidad (Asrâr rabbâniyah o ‘misterios dominicales’), ‘es, del Absoluto, la superficie reverberante de innumerables facetas que magnifica a toda criatura que se mira directamente en ella’. Esta superficie, es igualmente Mâyâ considerada en su aspecto más elevado, como la Shakti de Brahma, es decir la ‘omnipotencia’ del Principio Supremo. – De manera muy parecida además, en la Qabbalah hebrea, Kether (la primera de las diez Sephiroth) es el ‘vestido’ de En-Soph (el Infinito o el Absoluto). (Ibid., cap. X, en nota).

– “‘Vigilia, sueño, sueño profundo, y lo que está más allá, tales son los cuatro estados de Âtmâ; el más grande (mahattara) es el Cuarto (Turîya). En los tres primeros, Brahma reside con uno de sus pies; tiene tres pies en el último’ (Maitri Upanishad, 7º Prapâthaka, shruti 11). Así, las proporciones establecidas anteriormente se encuentran invertidas desde otro punto de vista: de los cuatro ‘pies’ (pâdas) de Âtmâ, los tres primeros en cuanto a la distinción de los estados no son sino uno respecto a su importancia metafísica, y el último comprende por él solo tres en el mismo sentido. Si Brahma no fuera ‘sin partes’ (akhanda), podría decirse que solamente un cuarto de El está en el Ser (comprendido aquí todo lo que de éste depende, es decir la manifestación universal de la cual él es el principio), mientras que Sus otros tres cuartos están más allá del Ser.1 Estos tres cuartos pueden considerarse del modo siguiente: 1º la totalidad de las posibilidades de manifestación en tanto que no se manifiestan, luego en el estado absolutamente permanente e incondicionado, como todo lo que pertenece al ‘Cuarto’ (en tanto se manifiestan, pertenecen a los dos primeros estados; en tanto que ‘manifestables’, al tercero, principial con respecto a estos); 2º la totalidad de las posibilidades de no manifestación (de las que tan solo hablamos en plural por analogía, pues están evidentemente más allá de la multiplicidad, e incluso más allá de la unidad); por último, el Principio Supremo de unas y otras, que es la Posibilidad Universal, total, infinita y absoluta.2″ (Ibid., cap. XV: “El estado incondicionado de Âtmâ“).

Notas al pie de esta cita
1 Pâda, que significa ‘pie’, significa también ‘cuarto'”.
2 “De una manera análoga, considerando los tres primeros estados, cuyo conjunto constituye el dominio del Ser, podría decirse también que los dos primeros no son mas que un tercio del Ser, ya que solamente comprenden la manifestación formal, mientras que el tercero es por él solo dos tercios, ya que comprende a la vez la manifestación informal y el Ser no manifestado. – Es esencial subrayar que sólo las posibilidades de manifestación entran en el dominio del Ser, aun considerado en toda su universalidad.”
– Ver igualmente, en R. Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, Eudeba, Bs. As. (ed. francesa de 1962), el anexo III del compilador Michel Vâlsan complementario al cap. XXXI: “La Montaña y la Caverna”.– “Finalmente, en el caso en que la ‘Liberación’ deba obtenerse a partir del estado humano, hay aún más de lo que acabamos de decir, y entonces el verdadero término ya no es el Ser Universal, sino el Supremo Brahma Mismo, es decir Brahma ‘no cualificado’ (nirguna), que comprende a la vez el Ser (o las posibilidades de manifestación) y el No-Ser (o las posibilidades de no manifestación), y principio del uno y del otro, luego más allá de ambos1, al mismo tiempo que los contiene igualmente según la enseñanza que ya hemos referido con respecto al estado incondicionado de Âtmâ, que es precisamente de lo que ahora se trata2.” (El Hombre y su Devenir según el Vêdânta, cap. XXI: “El ‘viaje divino’ del ser en trance de liberación”).
Notas al pie de esta cita
1 “Recordamos que sin embargo se puede entender el No-Ser metafísico, del mismo modo que lo no manifestado (y en tanto que esto último no es solamente el principio inmediato de lo manifestado, lo cual no es más que el Ser), en un sentido total en el que se identifica con el Principio Supremo. De todas maneras, por otra parte, entre el Ser y el No-Ser, como entre lo manifestado y lo no manifestado (y esto incluso si, en este último caso, no se va más allá del Ser), la correlación no puede ser más que pura apariencia, al no permitir verdaderamente ninguna comparación la desproporción que existe metafísicamente entre los dos.”
2 “A este respecto, citaremos una vez más, para señalar de nuevo las concordancias entre las diferentes tradiciones, un pasaje tomado del Tratado de la Unidad (Risâlatul-Ahadiyah), de Mohyddin ibn Arabî: ‘Este inmenso pensamiento (de la ‘Identidad Suprema’) no puede convenir mas que a aquel cuya alma es más vasta que los dos mundos (manifestado y no manifestado). En cuanto a aquel cuya alma sólo es tan vasta como los dos mundos (es decir quien alcanza el Ser Universal, pero no lo sobrepasa), no le conviene. Pues, en verdad, este pensamiento es más grande que el mundo sensible (o manifestado, debiendo aquí transponerse analógicamente la palabra ‘sensible’, no limitándola a su sentido literal) y el mundo suprasensible (o no-manifestado, siguiendo la misma transposición), tomados ambos en conjunto’.”
– “…la perfecta Unión (Yoga), que no es sino una con la ‘Liberación’.1″ (Ibid., cap. XXI, final).
Nota al pie de esta cita
1 “El Conocimiento, a este respecto, es pues de dos tipos, y se lo llama a él mismo ‘supremo’ o ‘no supremo’, según se refiera a Para-Brahma o a Apara-Brahma, y, en consecuencia, conduzca a uno o al otro.”
– “El Sacrificio (yajna) es una imitación ritual de ‘lo que fue hecho por los Dioses al comienzo’; es pues como un reflejo del ‘mito’, por otra parte invertido como todo reflejo, en el sentido de que lo que había sido un proceso de generación y de división se convierte ahora en un proceso de regeneración y de reintegración. Para poder comprender esta operación, hay que preguntarse ante todo ‘qué es Dios’ y ‘qué somos nosotros’: Dios es una Esencia sin dualidad (adwaita), pero que subsiste en una doble naturaleza, de donde la distinción del ‘Supremo’ (para) y del ‘No-Supremo’ (apara), a los cuales corresponden, desde puntos de vista diversos, todas aquellas dualidades en las que uno de los términos, estando subordinado al otro, está contenido ‘eminentemente’ en este; también encontramos en nosotros mismos estos dos términos, que son entonces el ‘Sí’ y el ‘yo’. El Sacrificio tiene como función esencial ‘reunir lo que ha sido separado’, luego en lo que concierne al hombre, hacer volver el ‘yo’ al ‘Sí’…”. (Etudes sur l’Hindouisme, reseña al libro Hinduismo y Budismo de Ananda K. Coomaraswamy).– “A este respecto, el Sr. Vulliaud cita el siguiente comentario de Moisés de León: ‘Después de recordar que el Santo, bendito sea, incognoscible, sólo puede ser captado a través de sus atributos (middoth) por los que ha creado los mundos,1 empecemos por la exégesis de la primera palabra de la Torah: Bereshit.2 Respecto a este misterio, algunos autores antiguos nos han enseñado que está oculto en el grado supremo, el éter puro e impalpable. Ese grado es la suma total de todos los espejos posteriores (es decir, exteriores con relación a este mismo grado).3 Estos proceden de él por el misterio del punto, el cual, él mismo, es un grado oculto que emana del misterio del éter puro y misterioso.4 El primer grado, que está totalmente oculto (es decir, no manifestado), no puede ser captado.5 Asimismo, el misterio del punto supremo, aunque esté profundamente escondido,6 puede ser captado en el misterio del Palacio interior. El misterio de la Corona suprema (Kether, la primera de las diez Sephiroth) corresponde al del puro e inasible éter (Avir). Él es la causa de todas las causas y el origen de todos los orígenes. Es en este misterio, origen invisible de todas las cosas, donde nace el ‘punto’ oculto del que todo procede. Por esto se dice en el Sepher Yetsirah: ‘Antes del Uno, ¿qué puedes contar?’ Es decir: antes de este punto, ¿qué puedes contar o comprender?7 Antes de este punto no había nada salvo Ain, o sea, el misterio del éter puro e inasible, así denominado (con una simple negación) a causa de su incomprehensibilidad.8 El comienzo comprensible de la existencia se encuentra en el misterio del ‘punto’ supremo.9″ (El Simbolismo de la Cruz, cap. IV: “Las direcciones del espacio”).
Notas al pie de esta cita
1 “Encontramos aquí el equivalente a la distinción que hace la doctrina hindú entre Brahma ‘no calificado’ (nirguna) y Brahma ‘calificado’ (saguna), es decir, entre el ‘Supremo’ y el ‘No Supremo’, correspondiendo este último a Îshwara (ver El Hombre y su devenir según el Vêdânta, caps. I y X). Middah significa literalmente ‘medida’ (cf. la sánscrita mâtrâ).”
2 “Es la palabra por la que comienza el Génesis: ‘in Principio’.”
3 “Vemos que este grado corresponde al ‘grado universal’ del esoterismo islámico, y es en el que se totalizan sintéticamente todos los demás grados, es decir, todos los estados de la Existencia. También esta misma doctrina se sirve de comparaciones con el espejo y otras similares…”.
4 “El grado representado por el punto, que corresponde a la Unidad, es el del Ser puro (Îshwara en la doctrina hindú).”
5 “A este respecto, nos podríamos referir a lo que enseña la doctrina hindú a propósito de lo que se encuentra más allá del Ser, es decir, del estado incondicionado de Âtmâ (ver El Hombre y su devenir según el Vêdânta, cap. XV, 3ª ed., donde indicábamos las enseñanzas concordantes de las demás tradiciones).”
6 “El Ser también es no manifestado, pero es el principio de toda manifestación.”
7 “En efecto, la unidad es el primero de todos los números; no hay pues nada antes de ella que pueda ser contado; se toma aquí la numeración como símbolo del conocimiento en modo distintivo.”
8 “Se trata del Cero metafísico, o del ‘No-Ser’ de la tradición extremo oriental, simbolizado por el ‘vacío’ (cf. Tao te King, XI); ya hemos explicado en otra parte por qué las expresiones de forma negativa son las únicas que aún pueden aplicarse a lo que está más allá del Ser (El Hombre y su devenir según el Vêdânta, cap. XV, 3ª ed.).”
9 “O sea, en el Ser, principio de la Existencia, que es lo mismo que la manifestación universal, así como la unidad es el principio y el comienzo de todos los números.”
– “…en cuanto a la tradición extremo oriental, ella considera no menos explícitamente, como principio común del Cielo y la Tierra1, lo que llama el ‘Gran Extremo’ (Tai-ki), en el cual están ambos indisolublemente unidos, en estado ‘indiviso’ e ‘indistinto’2, antes de toda diferenciación3, y que es el Ser puro, identificado como tal a la ‘Gran Unidad’ (Tai-i)4. Además, Tai-ki, el Ser o la Unidad trascendente, presupone él mismo otro principio, Wu-ki, el No-Ser o el Cero metafísico5; pero este no puede entrar en relación con nada que fuere en una relación tal que él sea el primer término de un ternario cualquiera, no siendo posible toda relación de esta clase sino a partir de la afirmación del Ser o la Unidad6.” (La Gran Tríada, cap. II: “Distintos tipos de ternarios”).
Notas al pie de esta cita
1 “Y también, desde luego, de los términos de todas las demás dualidades más particulares, que nunca son a fin de cuentas sino especificaciones de esta, de manera que, directa o indirectamente, todas derivan en definitiva del mismo principio.”
2 “Esta indistinción principial no debe confundirse con la indistinción potencial, que es solamente la de la Substancia o materia prima.”
3 “Ha de quedar claro que de ninguna manera se trata aquí de una anterioridad temporal, ni de ninguna sucesión, en el modo que fuere, de la duración.”
4 “El carácter ki es el que designa literalmente el ‘pináculo’ de un edificio; también se dice de Tai-i que reside simbólicamente en la Estrella polar, que es efectivamente el ‘pináculo’ del Cielo visible, y que, como tal, representa naturalmente el del Cosmos entero.”
5 Wu-ki corresponde, en la tradición hindú, al Brahma neutro y supremo (Para-Brahma), y Tai-ki a Îshwara o al Brahma ‘no-supremo’ (Apara-Brahma).”
6 “Por encima de cualquier otro principio, está todavía el Tao, que, en su sentido más universal, es a la vez No-Ser y Ser, pero que por otra parte no es realmente diferente del No-Ser en tanto que este contiene al Ser, que es él mismo el principio primero de toda manifestación, y que se polariza en Esencia y Substancia (o Cielo y Tierra) para producir efectivamente esa manifestación.”
– “Tai-i es el Tao ‘con nombre’, que es ‘la madre de los diez mil seres’ (Tao-te-king, cap. I). – El Tao ‘sin nombre’ es el No-Ser, y el Tao ‘con nombre’ es el Ser: ‘Si ha de darse un nombre al Tao (aunque realmente no pueda ser nombrado), se le llamará (como equivalente aproximativo) la Gran Unidad’.” (Ibid., cap. IV: “Yin y Yang“, final en nota al pie).

Tomado de: http://symbolos.com/s21fgonzalez_guenon_corazon.htm
Publicado en Revista SYMBOLOS Nº 21-22: “Ciclología – Fin de Ciclo IV”, 2001.

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